Lente Rosa


Escribe Guadalupe Guzman



Basta con mirar la cartelera, o navegar por las colecciones "especiales" de las plataformas de streaming cada vez que llega el 8 de marzo, para notar un patrón tan previsible como agotador. Parece que, para la maquinaria del marketing cinematográfico, la subjetividad femenina es un terreno unidimensional que sólo se puede transitar a través del romance. Como si nuestra capacidad de conectar con una pantalla estuviera condicionada, por default, a la presencia de una declaración de amor bajo la lluvia o al drama de un corazón roto.



Lady Bird (2017) dirigida por Greta Gerwig


Este 8 de marzo, quizás sea hora de preguntarnos por qué la industria sigue tan empeñada en decirnos qué nos tiene que emocionar, como si la complejidad de nuestra mirada necesitara, sí o sí, el filtro rosa para ser validada.


Cuando me puse a pensar en nuestro día y nuestra relación con el cine, lo primero que se me vino a la cabeza fue


¿Qué piensa el resto cuando hablamos de películas de mujeres? 


Para no quedarme solo con mi opinión busqué la de otras mujeres, realicé una encuesta entre algunas conocidas y los resultados no fueron lo que esperaba, de veinte respuestas, diecisiete eran comedias románticas. Solo tres se animaron a salir de ese molde, y eso me dejó pensando en ¿por qué tenemos tan pegada la idea de que "cine para mujeres" es igual a romance? De vuelta me fui a buscar más opiniones, y hablé con mi grupo de amigas. Ahí la cosa arrancó un poco más variada, aparecieron Little Women, Frances Ha, Pearl, pero duró poco, a los cinco minutos, otra vez estábamos hablando de rom-coms. 


¿Lo único que está dirigido a nosotras son las historias de amor? ¿Por qué parece que el mercado nos tiene encasilladas ahí? ¿Dónde están las películas de terror o las de acción que nos vuelen la cabeza y se centren en mujeres? ¿Por qué todo tiene que ser, sí o sí, el amor?

La Ciénaga (2001) Dirigida por Lucrecia Martel


Al final, esta sugerencia constante de historias rosas y románticas termina achicando el horizonte. Si el algoritmo y la publicidad te dicen mil veces que tu sensibilidad solo encaja con los finales felices y los dramas de pareja, terminás creyéndolo. Mientras a nosotras nos encierran en el corralito del romance, el resto de los géneros se venden como si fueran "neutrales" o, directamente, para hombres. Si sale una película bélica, un thriller o una de ciencia ficción pesada, el marketing no te habla a vos; le habla a "el espectador", que para la industria siempre tiene cara de varón. Es como si el terror o la acción fueran experiencias universales, pero nuestras historias solo le interesaran a otras mujeres. 



The Breadwinner (2018) dirigida por Nora Towmey

En este 8 de marzo, el desafío es empezar a desarmar esos hábitos de consumo. Como espectadoras, tenemos la oportunidad de validar otras historias, y las aliento a buscar el cine dirigido por mujeres en géneros tradicionalmente "masculinos", explorar el suspenso, el terror o la ciencia ficción, y salir de lo que normalmente vemos como asignado para mujeres. Nuestra identidad cinéfila es mucho más amplia de lo que la industria está dispuesta a admitir; es momento de que empecemos a habitarla.

GG


Comentarios

  1. Gracias por esto.
    Abre la pregunta de si la falta de representación es intencional o simplemente no se demandan historias de mujeres. En cualquiera de los dos casos, no es un cine que hay que dejarle a las generaciones futuras. Feliz 8 de Marzo y que vivan las cinefilas!!!

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